El valle de Bedoya en la prensa. Año 1961

Reseña de las noticias  sobre el valle de Bedoya generadas en el año 1961 donde la revista "Luz de Liébana" nos narra con todo tipo de detalles la primera Misa cantada por dos jóvenes del valle.

Dos Cantamisas en Bedoya

Canta su primera Misa en Trillayo el nuevo sacerdote D. José Gabriel Peña Gutiérrez

Veinticinco de marzo de 1961. Fecha inolvidable que ha insertado una página gloriosa en la historia del acogedor y simpático pueblo de TRILLAYO. Horas de intensa emoción vividas en torno a la fiesta tan solemne y tan nuestra como lo fue la primera misa del joven sacerdote Rvdo. D. José Gabriel Peña Gutiérrez.

Decimos, tan nuestra, porque todos los que fuimos solidarios de la emoción de ese día, nos sentíamos como miembros, en la intimidad de una familia más, que se alegra con el mismo gozo del  hijo que ha conseguido su ideal, "santo ideal". Y fue también nuestra, porque desde el momento que nos sentimos honrados, honrando con cuantos medios pudimos, a nuestro querido D. José Gabriel, sentimos en cambio de su parte, correspondencia, atención y sincero agradecimiento para con todos: vecinos de Trillayo, amigos, invitados y asistentes en general a su primera Misa.

El acto revistió gran solemnidad. Con varios días de antelación, se vino preparando el pueblo de Trillayo para la gran fecha que había de crear historia. La tarde del veinticuatro, a la llegada del nuevo sacerdote, todos los habitantes del risueño pueblecito, se volcaron de lleno en manifestaciones de júbilo, aumentando éste al día siguiente al comenzar a vivir las emociones en torno a las primicias de su sacerdocio recién estrenado.

A pocos metros de la Rampa para llegar a Trillayo, donde le deja el coche en que llegaba de Monte-Corbán, fue abrazado y felicitado por su querido párroco D. José Antonio Cavada, que fue el primero en llegar a su encuentro. Seguidamente fue recibido con gran entusiasmo por todos sus vecinos, amigos y familiares, en medio de disparos de cohetes, vítores, volteo de campanas y aplausos. Las calles del pueblo se hallaban profusamente engalanadas. Y los balcones y corredores lucían las más ricas colgaduras que el arca añosa de nogal guardara. En los arcos de hiedras y arbustos perennes, artísticos rótulos interpretaban el saludo cariñoso de todo el pueblo, y sincero deseo de felicidad y enhorabuena a su nuevo sacerdote que desde pequeño vieron empezar su larga carrera, con la esperanza de verle también un día ganar la cima: "José Gabriel, Trillayo te saluda y se une a tu emoción”.

A primeras horas del día 25, Trillayo se hallaba ya despierto, embriagado de alegría. ¡Aleluya! iAleluya! ¡Aleluya!, repetian en música clásica los altavoces puestos en la torre de la pequeña iglesia parroquial. Había llegado el día que D. José Gabriel, sacerdote del Señor, celebraría su primera misa.

Unas horas más tarde, Trillayo se había convertido en el punto de concurrencia de centenares y centenares de personas: amigos, familiares, lebaniegos, que se unían a la alegría del joven sacerdote D. José Gabriel. Pero unos de los primeros en llegar fueron sus amigos seminaristas, que se desplazaron desde su seminario de Corbán para acompañar en un día tan señalado, como tenía que ser el de la primera misa de su amigo, sacerdote ya. Este grupo de veinte seminaristas, miembros de una simpática rondalla que forman en el seminario, al frente de su director Rvdo. D. Jesús Solinís, a su llegada a Trillayo dieron un pasacalles a acordes de guitarra y otros instrumentos, manifestando su alegría y uniéndose al programa de homenaje.

Por fin, a las once y media, el nuevo sacerdote, salió de su casa, con dirección a la iglesia, donde tendría lugar el acto sagrado de su primera Misa. Elevado bajo un arco de flores, que sostenían cuatro mozos compañeros de infancia y rodeado de su padre, D. Valeriano Peña, su tía Dña. Josefa Gutiérrez, hermanos y demás familiares. Detrás las jóvenes entonaban canciones alusivas al momento, que por su sinceridad arrancaron mucha emoción en el público, y sobre todo en los familiares del joven sacerdote. La Iglesia lucía sus mejores galas, adornada hasta el detalle, brillaba el altar de limpio y de solemne. Por todo había pasado el cuidado, el esmero y celo del párroco, querido de todos, D. José Antonio Cavada.

 A las doce en punto iniciaba, D. José Gabriel, el Santo Sacrificio de la Misa, siendo ministros asistentes, D. Pedro Antonio Gómez Haza, de Diacono, D. Pedro Llanes, de Subdiacono; ambos compañeros y condiscípulos del misacantano, de Salarzón y Baró respectivamente. De maestros de ceremonias oficiaron, D. Jesús Solinís, de Santander, (compañero también de D. José Gabriel), y D. José Antonio Cavada, párroco de Trillayo. Asimismo, por no serle posible la asistencia al padrino de altar, Rvdo. D. Moisés de las Cuevas, suplió la falta con su presencia el padrino de honor Rvdo. D. Miguel Rodríguez, párroco de Castro y Arcipreste de Bedoya, y antiguo párroco de Trillayo, asistiendo en los distintos momentos del Santo Sacrificio al nuevo sacerdote.

La sagrada cátedra fue ocupada por otro compañero del misacantano, Rvdo. D. Gaspar Borregán Mozo, gran literato, que terminó su carrera en la Universidad de Salamanca donde sigue aún estudiando.  A juicio de todos fue una magistral oración digna del mejor orador. Sus palabras llevaron al entusiasmo y admiración, siendo fuertemente emotivas en determinados
momentos:
…..."Qué día más maravilloso para celebrar tu primera misa, para hacer tu primer milagro: la Anunciación de María, el momento sublime en que por el "sí" de una Virgen, el Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros……". La iglesia abarrotada fue incapaz de contener toda la afluencia de fieles y gracias a los altavoces pudieron escuchar tan bella oración.

De manos del nuevo sacerdote recibieron la sagrada comunión sus padres y sus siete hermanos, así como muchos fieles. Por fin terminó la ceremonia con un emocionante "besamanos", donde el grupo de seminaristas, amigos del misacantano, a cargo de los cuales corría la parte musical del coro, pusieron broche de oro a su programa musical sagrado interpretando el solemne Magnificat de E. Gorosarri, a tres voces iguales y gregoriano. A continuación de la Santa misa, fue llevado de nuevo bajo el arco de flores hasta su casa. Allí, desde un balcón, se dirigió al público con palabras de agradecimiento. A continuación tuvo lugar la comida a la que asistieron 212 invitados.

Jugaron un papel importante las guitarras, piezas literarias y canciones. Todo contribuyó al buen humor y sana alegría. El vecino de Esanos, D. Gerardo Cantero, declamó una larga poesía alusiva a la fiesta y persona del nuevo sacerdote. D. Luis Ormazábal, seminarista, leyó también una carta que despertó interés por su original concepción. Por la tarde la gente pasó a la bolera, donde jugadores de Liébana disputarían una magnifica copa, donada por los vecinos de Trillayo como homenaje a D. José Gabriel. Hoy ya sabemos que el vencedor ha sido el mozo de Colio, Ceferino Ruiz, gran jugador de bolos, que dejó una elevada cifra la cual nadie pudo sobrepasar.

Cantamisa en Salarzón

Primera Misa cantada de D. Pedro Antonio Gómez Haza


D. Pedro Antonio Gómez Haza celebró su Primera Misa en Salarzón el Domingo de Pascua, dos de abril del corriente año. Sus tíos, D. Teodoro Gómez Mayo, Arcipreste de Pernia, y D. Laureano Gómez Mayo, Oblato de Maria, Profesor del Seminario de la Orden de Oblatos en Valladolid, le acompañaron en el Altar, como Diácono y Subdiácono. D. José Gabriel Peña Gutiérrez fue el orador sagrado. D. Mariano Gómez Salceda y Dña. Maria Haza Gutiérrez, padres del nuevo sacerdote, fueron sus padrinos de honor. Don José Angel Gómez Crespo y Dña. Aurora Crespo Verenciana, sus padrinos de mano.

Contado así, para el desconocido lector es una Misa Nueva más. Para los lebaniegos, que nos conocemos todos, es algo distinto: Un acontecimiento extraordinario, en el que un pueblo, y casi una comarca entera vibran de entusiasmo al ver coronadas las ilusiones de un joven que llega al Altar por vez primera.

El cronista no conocia el encantador pueblo de Salarzón. Tuvo la suerte de llegar a él en día de fiesta grande: Pedro Antonio cantaba Misa. Arcos triunfales, banderas, gallardetes, carteles alusivos a la festividad, cantos, panderetas, "mayo".,….. Y en primer plano, la hermosa Iglesia Parroquial, fundación de los antecesores del nuevo sacerdote, llena de belleza, fervor y emoción. Fernando VII había premiado a los ascendientes de Pedro Antonio con el título nobiliario de Condes de la Cortina. Hoy el Altísimo premiaba a la actual familia con un título más glorioso aún: Pedro Antonio, Ministro de Dios.

Hoy el Palacio de Salarzón, al lado de los incomparables cuadros de la sala mayor palaciega, podía ostentar otro no tan viejo ni tan artístico, pero sí mas trascendente y glorioso; al lado del titulo manuscrito del rey Fernando VII, hablando de Condados, aparecia otro nuevo hablando de cosas divinas, de Sacerdocio.

Y en aquel ambiente sacerdotal familiar, nobiliario a todas luces, celebramos la sin par fiesta de una Primera Misa. Emotivas éstas solemnidades, tomaba en esta ocasión la Misa nueva un matiz especial: Parientes sacerdotes le acompañaban en el altar. Un compañero de Pedro Antonio, ocupó la Cátedra del Espiritu Santo. Una sobrinita, con una delicadeza singular, nos encantó con la declamación de una poesia. D. Victoriano Haza Galnares, abuelo del nuevo Ministro de Dios, no podia de emoción explicarnos la dicha que sentía al ver tán alto a su nieto.

El fundador de la Iglesia y del Palacio casi quería abandonar la rigidez de los lienzos de los cuadros, para saludar, lleno de gozo, a tanto pariente y amigo como hoy llenaban su casa solariega de Salarzón.

Estabámos en Pascua Doble. Con los aleluyas de la Pascua y los de la primera Misa, todo fue alegria, satisfacción y agrado. Todos, aunque no echaran la casa por la ventana, porque el palacio de Salarzón es amplísimo, sí derrocharon atenciones y cuidados con tantos invitados como acudimos a la Fiesta. Un banquete expléndido, servido con exquisito detalle por las señoritas amigas de la familia; una sobremesa amenísima, en la que muchos se prestaron a acudir con su ingenio a entretener y divertir; un "mayo" de categoría que, previa autorizacion de la ceniza, también tuvo escalador, el joven de Buyezo, Víctor Gutiérrez. ¿Qué mas?.

Cuando caía el sol, dejábamos a Salarzon. Hermosísimo nido de águilas, y a la vez tan próximo, tan separado y tan cercano, tan recogido y tan hermoso. ¡De verdad!, el dia nos pareció más corto. Las horas fueron segundos. Qué alegría tan alegre es aquella en que por medio anda Dios.

 

Datos recopilados por José Angel Cantero Cuevas en el año 2017

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