José Ángel Cantero Cuevas

Ilustres · 1 de febrero de 2026

Biografía del creador y alma de «Bedoya, Valle de Honor» (1947-2025).

José Ángel Cantero Cuevas

José Ángel Cantero Cuevas nació en el pueblo de Pumareña, municipio de Cillorigo de Liébana, el 24 de diciembre de 1946. Hijo primogénito de D. Eusebio Cantero Lamadrid y Dª Matilde Cuevas Soberón, es el mayor de cuatro hermanos y vino al mundo de la mano de Rosa Mayo, matrona en Pumareña.

Siempre recordó sus primeros años, muy felices junto a sus padres y hermanos; ayudaba a sus progenitores en las tareas y acudía a la escuela, donde hacía amistades y en donde aprendía algo nuevo cada día.

Desde finales de los 40 a mediados de los 50 abundaban por aquellas tierras guerrilleros antifranquistas echados al monte, de los que se contaba un sinfín de historias, algunas de ellas sanguinolentas, que hacía que los niños de la época fantasearan con Juanín y Bedoya, temiendo cada vez que salían de casa o cuando subían al desván de la misma, encontrarlos allí escondidos. Fueron años duros aquellos...

Contando 8 años, bajó a estudiar a la Preceptoría de Potes, donde se cursaban estudios de latín, y poco después ingresó en el Seminario Diocesano de Monte Corbán, cercano a Santander, donde permaneció hasta los 18 años. Allí se formó académicamente y creció junto a muchos otros muchachos de la época. Sin embargo, su destino estaba lejos del sacerdocio. Fue una etapa bonita de su vida en la cual se forjó como persona y donde incorporó grandes valores, como la disciplina, el trabajo en equipo, la empatía por los demás, valores todos ellos que le acompañaron el resto de su vida.

Tras realizar el servicio militar en Santander, se incorporó al mundo laboral, trabajando un tiempo en Torrelavega, y acudía cuando tenía ocasión al estadio de «El Malecón» para ver algún que otro partido.

Tiempo después, en 1969, entró a trabajar en CAMPSA, en la que estuvo durante casi 40 años, logrando con el tiempo un buen puesto, situación que le proporcionó una buena calidad de vida.

Como anécdota, cabe contar que fue destinado a Gijón, en donde estuvo algo más de un año, pero en cuanto tuvo ocasión, solicitó su traslado a la factoría de Santander, donde residían ya sus padres y sus hermanos. Pero las cosas del destino hicieron que conociera a su mujer Marisol durante su estancia en la ciudad asturiana, así que, una vez que le concedieron el traslado a Santander, donde permaneció algún tiempo, tuvo que pedir de nuevo el traslado a Gijón, donde se instaló definitivamente y donde pasó los mejores años de su vida, disfrutando de sus hobbies y aficiones.

El 3 de agosto de 1972 contrajo matrimonio con Marisol en la Basílica de Covadonga, y en febrero de 1974 nacieron sus dos hijos mellizos, Carlos y Montse.

Como buen montañés y amante de la naturaleza, era aficionado a los bolos (que no se le daban mal, por cierto), deporte que veía en directo y en televisión cuando tenía ocasión. También realizó un curso de micología, saliendo algún fin de semana a los montes y praderas cercanos a Gijón en busca de setas, donde pasaba un rato agradable rodeado de los verdes campos asturianos.

Fue por aquel entonces y en compañía de sus compañeros de trabajo, cuando empezó a realizar el Camino a Covadonga (ruta andariega que se realiza desde tiempos inmemoriales) entre Gijón y el Santuario del mismo nombre, lugar en donde se había casado años atrás.

El itinerario que la mayoría de la gente hace en 3 días, pernoctando 2 durante el recorrido, ellos lo hacían en solo dos etapas, una 1ª etapa de casi 50 km y una 2ª de unos 25 km, y así, disfrutando de los bellos paisajes asturianos, llegaban a Covadonga, donde aprovechaban para pedir a «la Santina» salud para todos sus seres queridos, y comentaban, entre risas y durante la comida, las anécdotas vividas durante «el camino».

Pues caminar era una de sus aficiones preferidas, actividad que practicaba cada vez que volvía a Bedoya, acudiendo un año sí y otro no al santuario de la Virgen de la Luz, a la Romería de San Pedro de Toja, a la Santuca de Potes o a la feria del orujo, así como a otros tantos acontecimientos que había en su querida tierra natal.

Fue en una de estas excursiones, visitando la Cueva Mora, situada en la parte noroeste de la Peña Ventosa, donde desafortunadamente dio un mal paso y se rompió el tobillo. Al tratarse de un lugar de difícil acceso, tras avisar al 112, un helicóptero acudió a su rescate dejándole en el campo de fútbol de Tama, y desde allí fue trasladado al hospital, donde fue intervenido, recuperándose poco tiempo después. Este episodio, más que amedrentarlo, le unió aún más, si cabe, a su tierra natal, y pasó a formar parte de esas anécdotas que siempre uno recuerda en la vida.

Fue a mediados de los 90 cuando, por casualidad, dio con unos documentos en un viejo baúl que se hallaba en el desván de la casa de sus padres en Pumareña. Aquellos papeles polvorientos, casi ilegibles, que llevaban allí por más de 100 años fueron el principio de un hobby que conservó durante el resto de su vida. Tras llevarlos a su casa en Gijón y restaurarlos como mejor pudo, comenzó a pasarlos a papel con su máquina de escribir. Y así empezó un precioso proyecto que le llevó a hacer un extenso árbol genealógico de sus apellidos maternos y paternos y a recabar una valiosa información del Valle de Bedoya, de sus costumbres y sus gentes.

La tarea no fue fácil, pues para completarla tuvo que documentarse; para ello acudió tanto a los ayuntamientos como a las parroquias (en donde se guardaban los registros de bautismos, matrimonios y defunciones anteriores a que existiera el Registro Civil) e incluso a los fondos documentales de la iglesia mormona, donde se hizo con valiosos documentos gracias a los microfilms que conservan y que fueron de gran ayuda para completar su árbol genealógico.

En 1999 realizó un minucioso trabajo sobre topónimos de Bedoya, a fin de que estas singulares denominaciones no cayeran en el olvido. Ese mismo año presentó otro singular trabajo sobre la Ganadería de Bedoya (1924-1934).

A principios del año 2000 cumplió su deseo de hacer una casa en Pumareña, donde acudía siempre que podía.

Durante el año 2004, con una paciencia inigualable, trasladó toda la documentación recabada a una página web que él mismo creó y que no es otra que Bedoya Valle de Honor. Una tarea singular que le fue reconocida públicamente en el año 2007.

Tras jubilarse ese mismo año, pudo disfrutar de una vida apacible en compañía de su familia. Aprovechó junto a su esposa Marisol para viajar por muchos lugares, no solo de la geografía española, sino también de varios países tan pintorescos como Portugal, Italia, Turquía o Venezuela. Cómo no, sin olvidar su casita de Pumareña, que estaba siempre abierta para pasar un buen rato con sus vecinos, amigos y familiares, donde junto a Marisol ejercían como excelentes anfitriones.

En familia, le gustaba recordar los momentos inolvidables que pasó en su querida Bedoya, ayudando en la vendimia, haciendo el orujo, recorriendo sus montes, tomando un blanco con sus amigos y familiares, pero sobre todo respirando ese aire puro de los Picos de Europa.

Celebró con Marisol, en 2022, en la Basílica de Covadonga, sus Bodas de Oro, y fueron acompañados por la familia y amigos en una jornada inolvidable.

Pero la vida marca su sino, y José Ángel nos dejó, contando 78 años, el 15 de octubre de 2025, en Gijón. Perdimos este día a una persona afable, siempre atenta con los demás, dispuesta a ayudar sin esperar nada a cambio, que nunca habló mal de nadie y destacaba siempre por su responsabilidad, su carácter servicial y su trato cercano.

Su recuerdo permanecerá vivo entre todos aquellos que tuvimos la suerte de conocerlo.

Galería fotográfica

Publicado en febrero de 2026

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