Cancionero de las Montañas de Liébana
Canciones de baile y ronda de Esanos y San Pedro, recogidas del «Cancionero de las Montañas de Liébana» (1999).
Se recogen, en el Cancionero de las Montañas de Liébana (Cantabria), texto publicado en 1999 de D. José Manuel Pedrosa, que recoge muchas canciones tradicionales de Liébana, y, ante la preocupación expresada por el autor por la pérdida de memoria que sufre el folclore tradicional montañés, recogemos aquí las del valle de Bedoya.

Canciones de baile y ronda de Esanos y San Pedro
El galán que puso el ramo
la víspera del día de San Pedro,
le puso por hacer burla,
que San Juan vino primero.
He cantado dos cantares
y con este ya van tres;
si no salen a bailarla
al punto lo dejaré.
La primera con pena
la segunda con dolor,
y para perder el miedo
fui levantando la voz.
El galán que está en el baile,
se le caen los calzones;
la culpa tuvo la sastra,
que se los hizo grandones.
Date la vuelta, niña,
que se te vea,
esa trenza del pelo
que te rodea.
Date la vuelta niña, niña,
date la vuelta,
que quiero ver el porte
de tu chaqueta.
Arriba, montañesa,
arriba, arriba,
que arriba esta lo bueno
y a la salida.
Los que están en el baile
no dicen nada,
yo de mi parte digo:
viva quien baila.
Los que están en el baile
son inocentes,
que si yo no lo digo
bailarán siempre.
Sal a bailar, buena moza,
sal a bailar, resalada
que la sal del mundo tienes
y no te meneas nada.
La despedida canto
de mis cantares;
mi corazón se encierra,
toma la llave.
La despedida canto
que me molesto:
para lo que me pagan
bastante presto.
La despedida canto
y en ella digo:
del galán que más quiero,
no me despido.
Viva la punta de arriba
viva la punta de abajo,
viva la punta del medio,
viva yo que estoy tocando.
Eduardo García (Esanos, 1999)
María Antonia Galnares (Luriezo, 74 Años).

Bailando en la bolera de San Miguel
Los Mandamientos y los Sacramentos
Los Mandamientos y, en menor medida, los Sacramentos, eran cantados en todos los pueblos de Liébana durante la Nochevieja, cuando los mozos salían a pedir los aguinaldos, que consistían normalmente en huevos, chorizo o dinero, que se destinaban a preparar, los días siguientes, una merienda de mozos.
Los mandamientos son diez,
mis palabras son ejemplo,
que los ha dejado Dios
para gloria de sus templos.
El primero, esta rosa
es un hermoso jardín;
amar a Dios, porque al fin
Dios sobre todas las cosas.
El segundo, de esta rosa
se convierte en palo amargo;
también a ti se te advierte,
que no le jures en vano.
El tercero, te doy
la flor de la violeta,
por ser la más escogida
que santifica las fiestas.
El cuarto, te daré
un lirio porque te cuadre,
que en ausencia y en presencia,
honres a tu padre y a tu madre.
La rosa de Jericó
tomo en quinto lugar;
que no mates a ninguno;
solo Dios puede matar.
A la hermosa reina de Saba
pongo en el sexto lugar;
que guardes los mandamientos
y vivas en castidad.
En el séptimo, te doy
la flor de la maravilla;
que no hurtes nada a nadie;
ni procures el mentir.
En el noveno, te doy
la flor de las aceitunas,
para que nunca codicies
mujer que no sea la tuya.
En el décimo, te doy
la flor que llaman de enjenjos,
para que nunca codicies
los bienes que son ajenos.
Estos diez mandamientos,
niña, se encierran en dos,
en quererte y en que me quieras,
en servir y amar a Dios.
María Antonia Galnares (Luriezo, 74 Años)
Eduardo García (Esanos, 1999).

El Ramo de San Pedro de Bedoya
En San Pedro de Bedoya eran las mozas pertenecientes a la cofradía de Las Hijas de María, las que preparaban el ramo que se festejaba y se cantaba en la iglesia durante la Nochebuena. Lo portaban seis o nueve mozas —cantaban en grupos de tres— precedidas por una niña en vez de un mayordomo. Tiempo después, se cantaba en la misa del día de Navidad en lugar de la de Nochebuena.
Del ramo colgaban seis docenas de rosquillas y pastas, y estaba adornado con tres velas: una a cada lado y otra a modo de corona.
Las rosquillas se rifaban el día de Navidad, pero tanto el ramo como las rosquillas se quedaban adornando la iglesia hasta el día de Reyes.
Se compraban otras rosquillas en Potes que se entregaban al comprador.
El pueblo está congregado;
entremos al santo templo,
y celebremos con gozo
de Jesús el Nacimiento.
Recordemos que, dejando
su majestad y grandeza,
por salvarnos se hizo hombre,
sufrió miseria y pobreza.
Préstenos vuestra atención,
y escuchad, fieles, ahora,
el suceso tan grandioso
que la iglesia conmemora.
Una noche de diciembre,
José con su esposa amada
caminaban por Belén
en busca de una posada.
Van callados y afligidos
al ver que por su pobreza
todos con malos modos
les van cerrando las puertas.
José contempla con pena
a su esposa idolatrada,
mas de pronto la alegría
ilumina su mirada.
-Vamos, vamos, oh María -
dice tomando su mano,
-Desecha todas tus penas
y ahoga tu amargo llanto.
María sigue a su esposo,
de dulce esperanza llena,
y se dirige gozosa
de Belén a las afueras.
Le presenta a su vista
un portal abandonado,
y entran con grande alegría
en aquel mísero establo.
María llena de gozo
piensa en su hijo divino
que pronto tendrá en sus brazos,
y olvida el hambre y el frío.
Con unas pobres pajitas
que tiradas en el suelo,
hacen al mísero establo
un lecho al rey de los cielos.
En el portal, portalito,
a las doce de la noche,
nació Dios que se hizo niño
para salvar a los hombres.
El señor del universo,
el rey de todos los reyes,
al nacer llora de frío
y su cuna es un pesebre.
Suenan alegres canciones
y músicas armoniosas;
son los ángeles que alaban
a Jesús, rey de la gloria.
El pesebre abandonado,
el portalillo ruinoso,
en un bello paraíso
se ha convertido de pronto.
Tiende Jesús sus bracitos
hacia la Virgen María,
y esto basta para darle
gran aliento y alegría.
Estampa un beso amoroso
en aquel rostro hechicero,
y aquel portal miserable
para María es un cielo.
San José, lleno de gozo
se postra y al niño adora;
Jesús sonríe gozoso
y olvida sus penas todas.
En el seno de María
el niño su rostro esconde;
José lo guarda con miedo,
que su tesoro le roben.
Al cabo de unos instantes,
el niño tranquilo duerme,
y ellos casi no respiran,
temerosos que despierte.
Cercanos a la ciudad
se hallan unos pastores,
y un ángel se les presenta
entre vivos resplandores.
-Soy mensajero- les dice
-de una nueva de alegría;
corred, pastores, corred,
id a adorar al Mesías.
Entre el asombro de todos,
aquel nuncio celestial
se eleva refulgente
de luz y de majestad.
Y juntándose con otros
comenzaron a cantar;
-Gloria a Dios en las alturas,
y al hombre en la tierra paz.
Al oír aquellos cantos
se congregan los pastores,
y adorar al niño acuden,
y a presentarle sus dones.
Llegan jóvenes y ancianos,
zagales y pastorcillos,
y alegres a presentarle
y ver al divino niño.
Al son de las castañuelas,
panderetas y tambores,
le cantan sus alegrías
y le expresan sus amores.
Gozosos danzan en torno
de aquel portal venturoso
en que Dios ha colocado
su tesoro más precioso.
Al establo con presteza
se acercan alborozados
y al mirar tantos encantos
se quedan ensimismados.
Extasiados le contemplan
sin cansarse de mirarle
y se acercan en silencio
reverentes a adorarle.
Se postran junto al pesebre,
y al besar sus pies divinos,
vengan llenos de dulzura,
les mira el hermoso niño.
Al mirarlos se sonríe
y, con su lengua menuda,
parece que es decirle;
-Por vosotros vine al mundo.
Vuelven en sí los pastores
de su asombro y de su espasmo;
repican las panderetas
y entonan un dulce canto.
Le ofrecen miel y manteca,
leche, quesos y cuajada,
y un corderito muy blanco
le presenta una zagala.
Nosotras también venimos
alegres a saludarte,
y en unión de los pastores
nos postramos a adorarte.
En nombre de todo el pueblo
te ofrecemos este ramo,
que es pequeña prueba
de lo mucho que te amamos.
Con el ramo te ofrecemos
todo nuestro corazón,
y humildes te suplicamos
que nos des tu bendición.
Marina Galnares Lamadrid (Luriezo, 74 Años)
Eduardo García (Esanos, 1999).
Aportaciones al Cancionero de Bedoya
Celia Cuevas Vega

Juegos infantiles
«Soy del rey monumento,
con mi corona y mi cetro.
Con el cetro y mi corona
salto por encima de esta mona
y la mona que está debajo
le pica el escarabajo.
Si la pica que la pique,
la damos un espolique»
(le daba con el talón en el trasero).
Nosotras cuando jugábamos al corro cantábamos:
«De Francia vengo señores,
de la era portuguesa,
por el camino me han dicho
que lindas hijas tenéis...
Si las tengo que las tenga,
buen cuidado le da a usted,
me vuelvo muy enojada
a los palacios del rey,
a contárselo a la reina,
la reina doña Isabel.»
(Y contestan)
«Vuelva, vuelva señorita,
no sea tan descortés,
que de las hijas que tengo,
la mejor será para usted...»
Recogida en la entrevista personal.
Publicado en septiembre de 2026