¿De dónde venimos?

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Si sabemos de donde venimos, sabremos mejor a dónde vamos. Hoy quiero hacer unas reflexiones exclusivamente sobre el pasado, un pasado lejano, que en la mayoría de las ocasiones se nos muestra confuso, principalmente debido a esa lejanía en el tiempo y a la poca información que disponemos. Sería muy interesante que todos supiéramos de dónde venimos, quiénes somos y cual es nuestra herencia. Pero ¿cómo lo podemos saber?. Me atrevo a decir, porque lo he comprobado, que son muchas las personas que no conocen los nombres de sus abuelos y menos aún sus dos apellidos y lugar y fecha de nacimiento. Y suelen creer que sería sumamente difícil el conocer todos esos datos. Sin embargo, son documentos que están a nuestro alcance en forma muy sencilla. Para eso están los Registros, tanto civiles como eclesiásticos, que por otra parte en España son públicos.

Durante muchos siglos ni el Estado, ni la Iglesia se preocuparon de disponer de un registro del estado civil de las personas. Fue a raíz del Concilio de Trento (alrededor de 1.550), cuando se dio la orden a la Iglesia universal de administrar los libros de bautismos y matrimonios. Mas tarde tambien fue obligatorio el libro de defunciones. Estos asientos, con el tiempo, comenzaron a ser utilizados y admitidos como prueba en los contenciosos civiles. Tanto es así que en el año 1.749, sale un decreto que encarga a los obispos de España el que se pusiese todo el esmero a fin de que los libros parroquiales estuvieran bien custodiados y con total seguridad en sus iglesias.

 

Registros parroquiales

Con este preámbulo, os diré que recientemente tuve la oportunidad, y a la vez la fortuna, de poder inspeccionar los Registros de Partidas de la parroquia de San Pedro de Bedoya, que datan desde el año de 1641. Para los que nos gusta la genealogía no os imagináis la satisfacción que uno experimenta al encontrar a nuestros antepasados en tales documentos, desde su bautismo a su defunción. Es difícil encontrar palabras para trasmitir esa emoción. Con la genealogía descubrimos quienes somos y de dónde venimos, cómo se llamaban nuestros antepasados, dónde y cómo vivieron.

No se si alguna vez te habrás parado a reflexionar sobre cómo sería la vida de nuestros antepasados, concretamente en el valle de Bedoya. Me estoy refiriendo a 100, 200, 300 o 400 años atrás. Quizá nunca lo hayas pensado, así que voy a intentar reflejar lo que yo saqué en limpio.

Como os digo, en esos documentos se puede “leer” la vida que se hacía en el valle durante esos periodos y todo gracias a la plausible aportación que hicieron todos los sacerdotes que pasaron por la parroquia de San Pedro de Bedoya. Hay que hacer constar que la parroquia de Trillayo fue siempre “aneja” a la de San Pedro y unas veces la atendía el mismo sacerdote y otras había un Coadjutor en el citado pueblo, pero siempre dependiendo de la parroquia de San Pedro. Los registros de ambos sitios se anotaban en los mismos libros. Examinando estos libros detenidamente, podemos apreciar que los sacerdotes, en la mayoría de las Partidas, fueron dejando siempre “coletillas” que, vistas hoy día, nos reflejan perfectamente el modelo global de vida que se hacía en cada momento.

De esa manera, y gracias a la Iglesia católica, hoy podemos tener conocimiento de todo lo que sucedió desde hace casi cuatro siglos atrás. Son los únicos documentos “oficiales” que hay y por tanto la única fuente fiable para hacer la investigación genealógica. Los registros civiles no existían, ya que comenzaron alrededor del año 1.870.

Conclusiones

Pero, ¿qué conclusiones saqué viendo esos documentos?. Haciendo un balance completo de tal investigación, me llevé una gran cantidad de sorpresas, unas agradables y otras todo lo contrario. Quizá visto con los ojos de principios del segundo milenio, nos parezca que en Bedoya se vivió desde siempre como ahora. Que en el valle no hubo nunca problemas, que todos sacaban (eso sí, trabajando mucho) por lo menos para comer, que todos vivían muchos años, que no necesitaban médicos, etc. etc.....

Pero la realidad no fue esa. En el valle de Bedoya (me imagino que en toda Liébana) hubo muchas miserias, tanto materiales, como espirituales o morales. Voy a tratar de explicarlo todo capítulo por capítulo, pero ya os digo que sorpresas muchas, muchísimas……. Me gustaría que cada uno de vosotros saque también sus conclusiones y deje luego su comentario en la parte inferior de esta página.

José Angel Cantero, 15-02-13

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