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Abel Pérez Lamadrid

"En el valle de Bedoya tienen que estar todos en el cielo"

Abel Pérez Lamadrid

Encontré a Abel en la localidad de Ojedo donde a lo largo del año pasa largas temporadas. Después de los saludos de rigor, le propongo ir a tomar un café para hacerle unas preguntas sobre su niñez. "Ahora tengo mucha prisa, pero por la tarde voy a ir a Pumareña, lo podemos dejar para entonces, allí estaremos más tranquilos", me responde. Dicho y hecho, en una soleada tarde otoñal, sentados en un rústico banco, en el pórtico de su casa, empezamos este diálogo.

¿Dónde naciste?

Nací aquí en Pumareña el día 13 de Julio del año 1.934.

¿Cuál es el primer recuerdo que tienes de pequeño?

Mira, ya ves que en mi casa hay un corral y para salir a la calle hay que traspasar un portón grande. A la hora de la siesta, me cerraban el portón y no podía salir fuera a jugar con los demás críos. Pero en el mismo portón había un ventanucu para que entraran y salieran las gallinas. Por ahí aprovechaba yo para escapar mientras los demás dormían. Cuando ya era un poco mayor y ya no cabía por el hueco, me esquilaba por la pared y saltaba fuera.

¿Llegaban los Reyes a Pumareña?

Sí, pero bastante pobres. Recuerdo una vez que me trajeron siete pesetas y luego las tuve que entregar para comprarme unas alpargatas.

¿Andaba alguien descalzo?

Alguno quizá, no recuerdo bien, pero normalmente íbamos todos con calzado; por lo menos a mí no me tocó. Si acaso, mal calzados.

¿Se pasaba hambre?

Hubo de todo, aunque en general en Bedoya no se pasó. Hacían falta muchas cosas, pero se sembraban patatas, alubias, garbanzos...., eso era lo que comíamos, aunque ya queda dicho que de otras cosas sí que hubo necesidad. Yo me acuerdo de ir muchas veces donde tu abuela Juana, que también era tía mía, y me daba una tartera de leche con borona de maíz. Lo había también en casa, pero me gustaba más donde mi tía; en cuanto me veía merodeando por allí, ya sabía a qué iba y me lo preparaba.

¿Fuiste mucho a la escuela?

Yo fui a la escuela, pero no muy seguido. Me quitaban de ir para ir de pastor con los chones, o con las vacas, o a la tierra. Ya de muy pequeño me prepararon una guadaña con un astil pequeño, a mi medida, y me echaban a segar. Aprendí bien a segar, era un buen segador. Un año entero me mandaron a Ojedo a una casa para cuidar vacas y estuve también medio año en Aniezo para lo mismo. Cuando estaba allí no iba a la escuela.

Después, de mayorcete fui a trabajar a Pola de Allande, en Asturias, y allí aproveché para ir por las noches a la escuela. Aprendí en un mes más que aquí en un año; ya era mayor y me daba cuenta de la importancia que tenía el estudio.

¿Te acuerdas de algún maestro?

En la posguerra vinieron muchos maestros interinos y no me acuerdo mucho de sus nombres. Uno de ellos fue don Roberto, que era de Potes, y algún latigazo recibí de él, unas veces con culpa y otras sin ella.

¿A qué jugabais?

Al Garbancito, había que agacharse y otros saltaban encima; al escondite, al bolo...., donde se pinaba un bolo y con una piedra había que derribarle. Entonces había mucha juventud. En el invierno, por Carnaval, festejábamos los zamarrones. Los críos nos escondíamos y los mayores que iban disfrazados trataban de encontrarnos. Si nos encontraban nos daban unos buenos latigazos que ya íbamos listos. Se disfrazaban con un gorro o con una chaquetota, o con ropa vieja de casa. A veces también nos ortigaban. Los chavales, en general, éramos bastante revoltosos y en ocasiones, los más viejos nos daban buenos cachavazos por las picardías que les hacíamos. Me acuerdo de una vez que les eché arena a la sierra que tenían para serrar la madera y luego me zumbaron de lo lindo.

De joven, ¿no jugabas a los bolos?

Los bolos me gustaban y me siguen gustando mucho, pero yo jugaba bastante mal. Hoy día me gusta ir a presenciar los concursos y paso la tarde bastante entretenido. Pero aunque yo no jugara, había gente que jugaba muy bien, como Martín, Sebio Cantero, Luis Vega, Pepe Cabiedes....; puedes nombrarlos a todos, porque el que jugaba mal, ese no solía jugar por una sencilla razón: que si perdía tenía que pagar el porrón de vino. Los Domingos ponían un pantalón y una camisa un poco mejor que el resto de la semana y a jugar, no había otra diversión. Al pinador le daban 10 céntimos. ¡Cuánto piné yo......!, todo el dinero que sacaba lo guardaba para el día de la romería de San Miguel para comprar una gaseosa, no había otra bebida. Cuando pinaba, en cualquier descuido de los mayores, echaba un trago de vino con gaseosa. Pero no todos los Domingos tocaba bolera. A veces tenía que ir de pastor con las vacas.

Hablando de vacas, me acuerdo de una vez que estaba cuidándolas en Sobrequintana y vi en una viña unos melocotones muy guapos. Salté allá para coger alguno y en ese momento desde la carretera tocaron la corneta. Era Valentín Abad que estaba de guarda. Yo llevaba una camisa blanca y me fui corriendo hasta casa y me cambié la camisa por otra de distinto color. Al poco rato llegó Valentín muy apurado a ver quién era. Yo, para despistar, me había puesto a echar unos tarugos a unas albarcas. "¿No viste pasar por aquí a uno con la camisa blanca?" me dijo. "Pues no, por aquí ya hace rato que no pasó nadie", le contesté todo nervioso. De esa manera me salvé de pagar la prendada. Yo era un mozalbete.

¿Dónde empezaste a trabajar?

Al salir de la escuela me fui a Asturias a serrar, o a cortar árboles. Por el verano iba a Polaciones a segar. Allí conocí a la mujer que tengo y más tarde la llevé ya a Suiza donde nos casamos. Después de Asturias pasé a trabajar en los pinos a Vizcaya, luego a Francia y por fin a Suiza.

Vayamos por partes, dices que ibas a segar a Polaciones.....

Después de terminar la hierba en casa, íbamos a Polaciones a segar. Yo iba a trabajar para varios vecinos y estaba allá 40 ó 50 días. Nos pagaban bien (20 duros de los de entonces) y me daban cama y comida. Si llovía no cobrábamos, pero sí que nos daban de comer.

Después te fuiste a Asturias.....

En Asturias donde más tiempo estuve fue en Pola de Allande, donde me encontré muy bien. Allí había forma de divertirse, hacían baile en el pueblo y me eché varias novias y lo que es mejor ahorré bastante dinero. Si llovía, no trabajábamos, pero entonces lo teníamos que hacer el Domingo. Yo, a partir de los 17 años, ya apenas venía por Bedoya, únicamente en el verano a ayudar a las tareas de la hierba. Por aquí no me pillaban en el resto del año. A partir de esa fecha ya no comí a cuenta de nadie.

Dices que también trabajaste en los pinos.....

Sí, de Asturias me fui a Vizcaya a trabajar a los pinos y de allí me fui durante siete meses a Francia al monte, plantando también pinos. Yo no fui al servicio militar.

Y luego emigraste a Suiza......

En Suiza estuve 41 años trabajando en la metalurgia. Al principio no estaba muy contento, pero al ver que ganaba dinero, ya me gustaba más. Con el tiempo llevé allá a la que hoy es mi mujer y a un hermano suyo. Nos casamos y a trabajar los dos.

¿Se trabajaba mucho allí?

Yo trabajaba 8 horas y media diarias y cuando salía del trabajo, me ocupaba en el tiempo libre de un jardín. Luego me hice con un huerto y allí pasaba las horas. Me acuerdo que compraba uvas en la frontera de Francia y hacía vino para todo el año.

¿No tenías diversiones?

Pocas, pocas diversiones, únicamente los carnavales que allá lo celebran mucho. También solía ir a un sitio que llamaban "Misión Católica"; allí íbamos muchos, pero la mayoría solo para ver a las muchachas. También fui algo a jugar la partida, pero no mucho. Los bares no me tiraban mucho. La vida en Suiza era muy diferente a la de aquí, pero a base de años me fui acoplando a su vida y me acostumbré a aquello tanto como aquí.

Volviendo al valle de Bedoya, ¿qué personas merecen destacarse por ser trabajadores?

Trabajadores todos, aquí no había vagos; el más vago era un gran trabajador. Pero por poner a alguno, pon a Lucinio Blanco. Según los años y las fuerzas, todos trabajaban y cuando ya no podían ir a la tierra o a hacer trabajos fuertes, hacían cestos o varas, pero siempre estaban haciendo algo. Me acuerdo también de las hermanas Cantero que fueron muy trabajadoras. Todas ellas, menos Ángeles que salió poco a la tierra, pero a las otras cuatro las tocó lo suyo. La gente de aquí no puede ir nadie al infierno, creo que tienen todos bien ganado el cielo. No sabían nada más que trabajar y crear una familia. Para quién va a ser el cielo...., nada más que para ellos. Cada uno se ocupaba de hacer su trabajo. Ten en cuenta que cuando no se trabaja, se suele dar a la lengua pero la mayoría de las veces malamente, y de aquella no eran cuenteros.

Díme el nombre de personas que destacaran por su inteligencia

Quitando a quienes todos sabemos, había pocos tontos, pero por destacar a alguno pon a Laureano Gómez, los de Angel Soberón, Cástor Gutiérrez......

Y gente desprendida y solícita con los vecinos?

Creo que había buena gente en Bedoya, no voy a destacar a nadie.

¿Cómo ves en la actualidad al valle?

Le veo muy bien, próspero y la gente más preparada. La vida, por suerte, ya no es la misma que nos tocó vivir a las generaciones anteriores. Si volviera ahora alguno de los que vivieron aquí hace 50 años, se echarían las manos a la cabeza. Verían los praos sin segar, los pajares hechos casas.... y pensarían..... ¿de qué vivirá ésta gente? Vamos que no se lo creerían, pero así es la vida.

¿Te gusta Internet?

De eso no tengo ni idea. Tengo dos nietos que sí lo tienen, pero yo nací en otra era y no lo he practicado, ni me interesa mucho.

Para terminar, ¿volviste después de jubilado por Suiza?

Mira, mi vida durante 41 años estuvo allí; aquí en España no me cubicaba nada. Cuando me jubilé me vine, aunque aún estuve allí un año más, pero tenía que venir a España por culpa de otras obligaciones. Ahora ya me vine definitivamente a disfrutar de mi pensión.

Pues nada más Abel, agradecerte tus palabras y que disfrutes de esa pensión durante muchos años.

José Angel Cantero
Octubre - 2.010

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Ver comentarios 

laura - 21-11-10

Que buena entrevista y que bien me cae Abel y Daria y lo mejor que no se olvidan de Liebana, saludos desde mexico

 

 
 
 
 
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