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Ismael Vega Pérez

"Los bolos fueron mi gran pasión "

 

Estamos en Semana Santa y, como un ejemplar abuelo, Ismael Vega se acercó desde Santander, donde vive, hasta Pumareña para ver y pasar éstas fiestas con sus nietos.

Hola Ismael, veo que no pierdes una fiesta para escaparte a Pumareña....

Pues ahora ya hacía una buena temporada que no venía. Hemos tenido muy mal invierno, cada poco ha estado nevando y fueron los nietos, con sus padres claro, los que se acercaron a vernos hasta Santander. De todos modos ya sabes que en cuanto puedo venir, aquí me tienes.

Oye, quiero hacerte unas preguntas acerca de cómo se vivía en tu niñez y tu juventud.

Sí, hombre, lo que quieras. Ya leí todas las entrevistas que hiciste hasta ahora. Mi hijo Javi me las imprime y las tengo todas puestas por orden, bien colocadas.

Para empezar, me imagino que nacerías en Pumareña?

Pues aunque parezca mentira, no nací en Pumareña. Yo nací el día 8 de Octubre de 1.940 en Esanos. Mis padres vivían de renta en dicho pueblo, en la Nogalera, y allí nací. Cuando tenía cuatro años nos fuimos a vivir a San Pedro y a los nueve ya nos bajamos para Pumareña donde estuve toda mi juventud.

¿Qué primeros recuerdos tienes de tu niñez?

Me recuerdo que en Esanos conviví mucho con Sebio Fernández y con su hermana Regina; éramos vecinos y estábamos todo el día juntos en una huerta que tenían delante de su casa. Más tarde, cuando estaba viviendo en San Pedro, me acuerdo que los mozos celebraban siempre en mi casa los Aguinaldos. Me acuerdo de verlos allí comiendo, cantando y bailando.

¿Llegaban los Reyes Magos?

Sí, sí llegaban, siempre había algún detalle, como unos lápices de pinturas, una pizarra, unas naranjas.....; me acuerdo que cuando vivía en San Pedro, el día de Reyes los críos pedíamos los aguinaldos y bajábamos también hasta Esanos. Gerardo Cantero nos daba una peseta a cada uno, de aquellas que eran de papel, que para nosotros era un mundo; los demás vecinos nos solían dar algo de fruta, generalmente manzanas, y los que nos daban dinero, no solían pasar de los cinco céntimos.

¿Qué tal la escuela?

Yo empecé a ir a la escuela con cinco años. Me acuerdo de varios maestros, como don Roberto que era de Potes y que aún vive. Otro que también era de Potes fue Miguelito Cabiedes que venía todos los días en bicicleta desde allí. Claro, la carretera de Bedoya la tenía que subir andando, tirando de la bicicleta; era y es muy pendiente, luego aprovechaba el descenso. Otro maestro fue don Antonio que era un falangista de cuidado. Y hubo otro que no me acuerdo cómo se llamaba, pero estaba medio loco y tuvo que marchar de aquí. En ese medio tiempo que nos quedamos sin maestro, a mí me mandaron dos meses a Cambarco a casa de una tía para poder ir a la escuela en dicho pueblo. El último maestro que tuve fue don César, que era un muy buen maestro, con él aprendí bastante.

¿Perdiste alguna vez de ir a la escuela?

Yo no perdí muchos días, aunque alguna vez no se podía ir; me acuerdo de un día que no fui porque estuve arando una tierra con Fidel Bustamante y ese mismo día dio la casualidad que castigaron a todos los críos sin salir a comer. A los catorce años salí de la escuela, pero ya de mozo fui por el invierno a una clase nocturna a Trillayo. Nos daba la clase un cura, que no me acuerdo cómo se llamaba. Me acuerdo que también iba Cástor González, de Cobeña, porque nos felicitó el cura a los dos por lo bien que se nos daban las matemáticas.

¿A qué jugabais de pequeños?

Jugábamos a la "Raya". Se marcaba una raya y se iba saltando por encima de otro que estaba agachado; cada vez que se superaba el salto, el que estaba debajo se iba colocando más lejos de la raya. Así hasta que se fallara. También jugábamos al "Escondite", a los "Guardias y Pasiegos" y sobre todo a los bolos que fueron mi gran pasión. Me acuerdo que me mandaban cuidar los chones y me olvidaba de ellos por los bolos. El guarda, que por aquel entonces era César Aguado, se hinchó a mi cuenta por las prendadas que me hacía a los chones.

¿Se pasaba hambre?

Hambre no, yo no lo pasé, pero comprendo que en algunas casas sí que se pasó. De todos modos no comías el pan que querías, pero siempre se sembraba la huerta y ya te digo que no se pasaba hambre.

Y de jóvenes, ¿qué diversiones teníais?

Pues te diré que prácticamente la única diversión eran los bolos. En Pumareña nos juntamos unos cuantos chavales, Víctor, Lipe, Luisín, Toño, José Antonio Prieto, mi hermano Cheles y algún otro que ahora no recuerdo y construimos una bolera en el Campo, ya que en la bolera grande no nos dejaban jugar los mayores. En otras ocasiones hacíamos algo de baile con un tambor o con una lata. Uno tocaba y los demás bailábamos. En la época de las castañas solíamos hacer magostas.

Yo sé que tienes algo que contarnos acerca de los bolos.....

Pues sí, fui un gran aficionado a los bolos y ya te dije que fueron mi gran pasión. Llegué a jugar en Primera categoría con la peña de la Carmencita cuando aún tenía la bolera en Cuatro Caminos, en Santander. Tenía como compañero a otro lebaniego que se llamaba Onésimo González. Era más o menos el año 1.967. Anteriormente había quedado Campeón Provincial de Tercera Categoría en Tanos. En total jugué 18 Ligas. Una en Primera, trece en Segunda Especial y el resto en el campeonato de Bares. Al final lo tuve que dejar por el trabajo y por unos problemas de artrosis.

Por lo que veo, después de salir de la escuela te fuiste a trabajar a Santander.

No, no....., recién salido de la escuela, con catorce años, marché a trabajar al monte a Zamudio (Vizcaya). El trabajo del monte, era la única salida que teníamos. Me acuerdo que fui con Salvador García y con Teodoro Cuevas. Me pagaban 400 pesetas al mes y la comida. Teníamos que hacer hoyos para plantar pinos y estuve nueve meses sin volver a casa.

Cuéntame algo de la vida que hacíais en el monte......

El trabajo de los pinos era muy jodido, pero íbamos a gusto. En Bedoya no había medios para vivir y había que salir a ganarlo fuera.

Pero érais aún unos críos.....

Si, en cuanto terminábamos la escuela una gran mayoría de los jóvenes ya marchábamos al monte. Al principio nos llevaban de pinches. Teníamos que hacer la comida a los demás trabajadores, ir a buscar los aprovisionamientos, etc., pero una vez que terminábamos con esas tareas, teníamos que trabajar como los demás. Normalmente nos llevaban contratados (un tanto al mes). Con el tiempo, según se iba cogiendo conocimientos y experiencia, varios pasamos de ser contratados a contratistas. Si a mi me pagaban, por ejemplo, 25 céntimos el hoyo, yo pagaba 20. Manera de sacar algo.

¿Descansábais algún día?

Normalmente trabajábamos los siete días de la semana, pero en algunos sitios el cura del lugar no nos dejaba trabajar los Domingos.

Ya veo que trabajabais bastante, pero ¿qué tal comíais?

Mal y casi siempre lo mismo; para almorzar tocino frito; a la comida alubias con tocino cocido y para cenar tocino frito. No había otra cosa. Los que tenían buen estómago no pasaban hambre, a los demás tanto repetir lo mismo, las comidas ya se nos resistían. El día primero de mayo, San José Obrero, aprovechábamos y ése día nos "salíamos". Normalmente íbamos a Bilbao, o a cualquier pueblo grande cercano, y nos hinchábamos a lechazo. Un día tiene el obrero.....

¿Cómo os arreglabais para dormir, con el aseo personal, el lavado de la ropa etc.?

Mira yo conocí dos épocas bien distintas en la vida que hacíamos en el monte. Hasta el año 1.960, más o menos, dormíamos en pajares, o en chabolas que nosotros mismos construíamos con helechos secos que hacían de colchón. Cada uno tenía que llevar su manta de casa. Y en cuanto al aseo nos lavábamos la cara y poco más; ya no me acuerdo si nos cambiábamos de ropa interior. La otra época fue posterior y normalmente ya nos quedábamos en pensiones. Era muy distinto, tanto para comer, como para dormir.

¿Creo que también estuviste en la mar?

Sí, cuando estaba en el monte me animaron para ir a la mar en un pesquero. Fue una experiencia nueva y a la vez gratificante. Estuve cinco meses y me encontraba muy gusto; ganaba igual que en el monte y el trabajo era mucho mejor, por lo menos en la costera del bonito. Cuando estuvimos al bocarte ya cambiaba, porque había que pescar de noche y eso era más lioso.

Vamos a cambiar de tercio, ¿te acuerdas del racionamiento y del estraperlo?

Me acuerdo que algunas veces me mandaban a Tama, donde la tienda de Engracia, a recoger el aceite, el azúcar, arroz, tabaco...., en cuanto al estraperlo en mi casa no fueron. Mi padre era cantero y estaba siempre a jornal. De todos modos mucha gente salió para Asturias, para la los pueblos de la Montaña o para Palencia a cambiar productos.

De la gente que conociste, ¿a quién consideras como personas desprendidas y humanitarios con los demás?

En San Pedro pon a la tía Rosalía Roíz y a mí tía Lupe Vega. Luego ya en otros pueblos a Gerardo Cantero, a don Moisés Cuevas que a mí me hizo hacer la primera comunión con seis años (decía que ya estaba preparado), también pon a su hermana Dolores y principalmente a don Luís Cuevas. Yo trabajé para él cogiendo cerezas y ciruelas. Quitó mucha hambre en Bedoya.

¿Y personas inteligentes?

Gerardo Cantero y don Moisés.

¿Trabajadores?

Todo el mundo era trabajador, no destacaría a nadie en particular, todos lo hicieron bien. Pero por destacar a alguien pon a mi padre, el oficio de cantero es muy duro.

¿Tienes alguna anécdota para contarnos?

Mira, cuando estaba en los pinos al regresar a casa siempre entregaba el dinero a mi madre. El problema estaba que yo quería una bicicleta, pero mi madre no estaba por la labor. La tenía ojeada en Potes, ya sabía lo que valía, así que decidí volver otra vez al monte. Fui con Víctor y con su hermano Heraclio. Estuvimos en Plencia (Vizcaya) y en cuanto gané para la bicicleta me volví para casa, pero en ésta ocasión no vine derecho a casa, pasé primero por Potes a comprarme la bicicleta, llegando luego a casa con ella y sin entregarle nada a mi madre.

Estarías como niño con zapatos nuevos...

Sí, fue una de las mayores alegrías que tuve. Casi todos los demás chavales ya la tenían, así que luego pude presumir de bicicleta nueva. Me acuerdo que hacíamos apuestas a ver quién corría más y también a ver quien se atrevía a bajar la carretera de Bedoya sin frenos. Ya lo habían intentado otros anteriormente y nadie lo había conseguido, hasta que.....

No me digas que tú también lo intentaste.....

Si, precisamente fue el día de la Cruz, no se me olvida. Arranqué desde el puente de San Miguel y enseguida alcancé una considerable velocidad. De aquella había pocos coches y lo más fácil era que bajaras hasta Tama sin tropezar ninguno, de ésa manera podíamos coger las curvas casi "derechas". Había que correr ése riesgo. Todo iba perfecto hasta que llegué a la última curva, ya llegando a Tama. Entonces el perfil de la carretera era distinto de como está ahora. Había una curva pronunciada y estrecha, con un petril de poco más de medio metro que, si te asomabas, veías a unos ocho metros por abajo la carretera general. Allí me la pegué contra ese pretil. Aparte de quedarme sin fiestas de la Cruz, me tuvieron que dar unos cuantos puntos en una pierna y en la cabeza. Estuve fastidiado y menos mal que no caí abajo, porque si caigo, no lo cuento. Me salvó el pretil.

Ya veo que llevas móvil, pero sabes lo que es Internet?

Lo tenemos en casa, pero es el chaval el que anda con ello. Yo no lo entiendo, ni me gusta. Leo todos los días el periódico pero en papel, nada de Internet. Además a mí me gusta mucho la lectura, cuando cojo un libro lo devoro rápidamente.

Pues nada más, Ismael, a seguir disfrutando de los nietos que nosotros lo hacemos con todo lo que nos contaste de tus vivencias juveniles. Muchas gracias por todo.

José Angel Cantero
Abril - 2.009

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mari lomeña - 06-05-09
luzmart73@hotmail.com

soy compañera de Ana, hija de Ismael. Ya decia yo que el buen hacer de Ana en el trabajo lo tuvo que aprender de alguien tan trabajador y buena gente como sus padres. Un abrazo para ellos y a la cria mia ya se le doy yo en persona esta tarde.

Alberto Mané y Sara - 04-11-10

Ismael y su familia son personas super-agradables. Valientes, cariñosos y una familia muy unida que dá gusto verlos. Siempre al pie del cañon y ayudandose mutuamente. Abrazos desde Canarias.

alba - 30-03-12

me ha gustado mucho la historia
 
 
 
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