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Entrevistas

 

Felipe Rodríguez Rábago

"Con cinco años ya me mandaban de pastor"

 

Felipe Rodríguez Rábago

"Papá, mamá, ¿a dónde vas?. Patatas, patatas.....". Iba yo caminando por San Pedro, en dirección a la pradería de Sária, cuando, ya rebasada la última casa del pueblo, oigo semejantes voces a mis espaldas. Me doy la vuelta y, para mi sorpresa, los ojos se tropiezan con una enorme jaula donde un loro verde me sigue repitiendo con una claridad meridiana: "patatas, patatas....."

Al instante aparece su dueño, Felipe Rodríguez Rábago, que me invitó a sentarme junto a una mesa en el jardín de la casa y con quien entramé una animada charla.

¿Tienes algún inconveniente en contarme algo de cómo pasaste tus primeros años?

No, hombre, lo que quieras...., me responde.

¿Dónde naciste?

Yo nací en Peñarrubia en un pueblo que se llama Roza, el día 9 de Agosto de 1.936. Mi madre era de Bedoya, pero mi padre era de Roza y allí viví hasta que tendría yo unos cinco años cuando nos vinimos a vivir a Bedoya, concretamente a Esanos.

¿Cuál es el recuerdo más remoto que tienes?

Muy ligeramente me acuerdo de cuando mis padres se vinieron a vivir aquí. Traían un rebaño de cabras, aunque por supuesto no eran de ellos, las tenían a medias con un vecino de Roza. Luego, con el tiempo, me dijo Tasio Cuevas que las metía en la cuadra de casa de Encarnación.

¿Llegaban los Reyes Magos por aquella época?

Sí, hombre, sí llegaban, me acuerdo que me traían una onza que parecía chocolate, pero no lo era. Ese día pedíamos los aguinaldos. Dinero apenas nos daban, lo único nueces, castañas, manzanas.....

¿Dónde empezaste a ir a la escuela?

En Roza no llegué a ir, allí para mí no había escuela, me mandaban de pastor. Yo empecé a ir a la escuela en Esanos. Normalmente no solía faltar muchas veces. Tuve varios maestros, como Miguelito y don Roberto, que eran los dos de Potes. También me acuerdo de don Silvino y su mujer doña Margarita que también era maestra. No tengo quejas de los maestros que tuve. Me acuerdo que Sidro Fernández destacaba entre todos nosotros, sabía mucho.

¿A qué jugabais de niños?

Solíamos jugar al "calvu", pero a lo que más jugábamos era a lo bruto, es decir a pelear unos contra otros pero sin mala intención, únicamente para probar las fuerzas de cada uno. Eso era en Esanos, ya que en Roza no tuve tiempo para jugar.

¿Se pasaba hambre?

Hambre no se pasaba, pero ganas de querer comer más, sí que se tenían. De aquella no había ninguna clase de vicios. Según cuentan los que vivieron esos tiempos en la ciudad, allí sí que se pasó mal. En los pueblos se vivía relativamente bien porque se sembraba mucho. Nosotros teníamos poco terreno, pero algún jornaluco caía. Mi padre anduvo mucho tiempo de pastor, también de guarda de campo, y trabajó bastante tiempo para don Luis Cuevas. Mi madre trabajó para Gerardo Cantero.

¿Alguna cosa más?

Bueno, que a mí también me tocó ir bastante de pastor, sobre todo por los veranos. Había que cuidar las burras, las cabras, las ovejas......, si hacía buen día entonces se separaban en San Pedro. Las cabras para la parte de "Rozás" y las ovejas para el "Ojeu". No se me olvida del perro que teníamos, se llamaba "Montaña". Yo me montaba a caballo encima de él; el perro era muy grande y yo muy pequeño. Me acuerdo que tenía las orejas cortadas y llevaba al cuello unas carrancas, de esa manera no le podían entrar los lobos. Durante el verano nos quedábamos a dormir con el ganado en el monte, normalmente con alguna persona mayor, así que no pasábamos miedo, aunque cuando nos quedábamos solos..., entonces de miedo lo que quieras. Algunas veces faltaba ganado en la majada y había que salir a buscarlo de noche.

¿Qué salidas había de jóvenes referentes al trabajo?

Mira, yo con 16 años marché a vivir a Vizcaya, allí trabajé durante una corta temporada en los pinos. Era una vida muy dura donde solo se sabía trabajar, trabajar y trabajar. Hasta la comida era mala, de almuerzo pan y tocino, al mediodía alubias pan y tocino y para cenar lo mismo. El vino era "caro para estudiantes", bebíamos agua. Dormíamos en los pajares con un manta que llevábamos de casa, a veces hasta nos nevaba encima.

Una vez en San Sebastián nos llevaron al "perol" sin hacer nada. Estábamos en la estación del tren esperando a un compañero que era de Valmeo y había ido a visitar a un pariente. Quedamos en esperarle allí y resulta que llegó la policía y nos pidió la documentación y como no la llevábamos ninguno, nos llevaron a la Comisaría. Cuando llegó el de Valmeo alguien le comentó lo que había pasado y se presentó en la Comisaría, pero tampoco él llevaba documentación. De todos modos hacía poco tiempo que había echado los papeles para entrar en la guardia civil y tenía el resguardo de la solicitud. Con ese papel pudo responder por nosotros y nos dejaron libres. Llevamos un buen susto.

¿Te acuerdas del racionamiento y del estraperlo?

De lo primero apenas me acuerdo, pero del estraperlo sí. En una ocasión fui con mi padre desde Esanos hasta Cicera a moler un costal de trigo. Por el día no se podía ir, nos lo quitaban.

La posguerra te cogió de lleno.....

No me acuerdo mucho, aunque lo que sí es cierto es que se vivía muy mal. Teníamos mucho miedo a la gente que andaba escondida por el monte.

¿Qué personas del valle crees merecedoras de recordarlas por sus buenas obras?

Creo que Gerardo Cantero y don Luis Cuevas ayudaron mucho, dando mucho trabajo. Eran apenas los únicos sitios de donde se podía sacar algo de dinero.

¿Y gente trabajadora?

Trabajadores todos, no sé si era obligación o necesidad, pero todos lo hacían bien.

¿Llevas móvil?

Si que lo llevo, pero no me gusta mucho, aunque reconozco que es una cosa muy buena, sobre todo cuando uno está fuera de casa. Lo que menos me gusta es que se cuelguen a él. El móvil no es para eso.

¿Entraste alguna vez en Internet?

Mira, Internet no lo entiendo. Por lo que oigo, es una cosa buena, aunque haya cosas que no me gusten, pero como adelanto es muy bueno. Yo creo que todo lo que sea avanzar, es bueno para la humanidad.

Así terminamos la entrevista. El loro seguía pidiendo patatas y como no le podía satisfacer, me despido de Felipe dándole las gracias por contarnos sus peripecias y sus correrías en sus años jóvenes.

José Angel Cantero
Julio - 2.009

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